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El miedo

“Las cosas, a veces, no son tan fáciles como parecen…”

Me he repetido esta frase tantas veces en el último año que casi puede conmigo. Casi todo puede conmigo, pero no lo ha hecho, y aquí estoy, volviendo regar mis jazmines para contaros que las cosas no son tan difíciles, sino que las personas, a veces, somos muy cobardes.

Demasiados años, demasiadas experiencias, demasiadas personas, demasiadas opiniones, demasiados consejos…demasiadas cargas que no hacen sino vestirte con el peor de los trajes que se puede llevar en la vida: el miedo.

Hace poco leí que el miedo sólo es el paso que existe entre su situación actual y tus sueños. Si así de cierto es, entonces ¿por qué nos da tanto miedo darlo? ¿por qué nos paralizamos aterrados ante lo desconocido? ¿por qué permitimos que el miedo nos aleje, aliado con el tiempo, de lo que realmente queremos en nuestra vida? Porque somos, he sido, muy cobarde.

Todo empieza con el miedo a perder la estabilidad actual, una estabilidad, “un confort” estúpido que te apaga día a día porque no te sientes realizado, ni valorado, ni ilusionado. Miedo a tener que romper con la rutina, a tener que aprender otras cosas, a “desaprender” a una velocidad superior a la que estamos acostumbrados.

Luego viene el miedo a que el pasado se repita, miedo a que te hagan lo mismo, miedo a que lo hagas tú, miedo a los fracasos, las decepciones; miedo a darlo todo y volver a quedarte vacío, miedo a que pasen los años y “no sirva para nada”. Miedo a que te repitan una y otra vez: “espero que estés segura” ¿segura de qué? ¿de que se está hoy en día seguro? Sólo de una cosa y en eso aún no estoy pensando.

Y finalmente te asalta el miedo al futuro, miedo a no tener nada bajo control, miedo a no saber qué pasará, si será bueno o malo, si será “lo mejor o lo peor para mi”, miedo a estar peor que ahora, o peor que antes, miedo a la incertidumbre, a lo desconocido. Miedo a “aunque algunas veces me has decepcionado”, miedo no decepcionar más, miedo insólito a algo, de lo que no tenemos ni la más remota idea.

Tanto miedo tenemos que nos olvidamos del día de hoy, del ahora, de sentir y disfrutar el segundo en el que vivimos. Nos olvidamos de los ojos que tenemos delante, nos olvidamos de buscar nuevas oportunidades, de sonreír a la vida. Tanto miedo tenemos que nos chupa la energía como las sanguijuelas chupan la sangre, que nos borra las arrugas de la cara porque ya no encontramos por qué reír; tanto miedo que al final perdemos todo por lo que merece la pena vivir.

¿Cómo se superan los miedos? hace tiempo leí en un libro de interpretación de los sueños, que los miedos sólo se superan enfrentándose a ellos, plantándoles cara, esperándoles de frente. Y eso que un día hice en los sueños, es lo que ahora he hecho despierta en la vida real. Sólo hay que armarse de valor, armarse de energía, reencontrarse consigo mismo y con la fortaleza que todos tenemos en nuestro interior; hacer todo ese acopio de poderío para dar…un paso, un único y pequeño pero rotundo paso.

Puedes leer muchas frases:

“Debemos pensar menos y hacer más”

“Cuando fue la última vez que hiciste algo por primera vez”

“Lo difícil se hace, lo imposible se intenta”

Frases que evidencian que alguien lo intentó y lo consiguió, que demuestran que “si se puede”, que sugieren valor y optimismo… pero frases que no valen nada si no las haces tuyas y nos las trascribes a tu propia vida.

 

Olvídate del pasado, esos años ya tuvieron su momento, ya ocuparon su tiempo, no permitas que invadan tu hoy y mucho menos que interfieran en tu mañana.

No te frustres con el futuro, no tienes ni idea de qué pasará. Asume con normalidad que volverás a reír, volverás a llorar, volverás a triunfar y en algunos casos fracasar. Acepta que volverás a encontrarte con gente buena y gente mala, pero hazte fuerte para seguir siendo tu mismo, pase lo que pase.

Vive el presente, vive con la gente que te quiere, haz las cosas que te gustan y te hacen sentir bien. Disfruta en la misma medida de la buena compañía y de la soledad. Crece como persona, haz el bien a los demás, lucha por lo que quieres, esfuérzate cada día para conseguir tus sueños.

El camino que hay detrás del miedo, detrás de ese pequeño paso, es muchísimo más amplio que el que dejaste detrás, así es que: SALTA.

A veces, hay que perderse por el mundo para encontrarse consigo mismo

A veces, hay que perderse por el mundo para encontrarse consigo mismo

Continuará….

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Selección natural

“Sólo sobrevivirán aquellos seres con la capacidad necesaria para adaptarse al medio”

¿Acaso se puede vivir de otra manera?

Los adultos no dejamos de admirar la capacidad de los niños para aprender cosas nuevas: andar, hablar, conocer amigos, las clases de un colegio, las normas… Y no podría dejar de reconocer esta virtud pero ¿no es la adaptación de un adulto infinitamente más compleja que la de un niño?

A lo largo de nuestra vida no dejamos de adquirir costumbres, nos habituamos a una familia, a unos amigos, a un nivel de vida, a un oficio, a un pareja, a tener buena salud, estabilidad; nos acostumbramos con una ligereza asombrosa a todo aquello que nos permite vivir cómoda y felizmente.

Por eso nos sucede que, cuando algo se fisura, se quebranta o se rompe, sentimos fragilidad, vértigo, miedo, colapso mental  y hasta físico. ¿No es mucho más difícil que un adulto se desacostumbre, des-aprenda y re-aprenda?

Es inmensamente complicado, angustioso y temeroso advertir que tu costumbre no ha provocado sino debilitarte ante las adversidades de la vida. Es tristemente irrefutable comprender que sólo los golpes duros fortalecen tu espíritu y tu actitud. Es desesperante pensar que tiene que venir una enfermedad, un accidente, una pérdida, un despido o una ruptura para recaer en que esta vida es una pura y dura adaptación al medio.

Resulta desalentador saber que sólo uno mismo tiene el poder para resurgir, para sobrevivir, para echarle coraje y salir adelante. Porque seguramente, todos a tu alrededor te ayuden, pero es la intención personal la que decide hacerlo. La actitud es tan importante como la fortaleza para adaptarse y eso, eso es demasiado íntimo.

Porque es un reto abordar que, sólo convirtiendo la pena en alegría cambia el mundo, que sólo cambiando el pesimismo en optimismo surgen las nuevas oportunidades y que sólo tornando la debilidad en fortaleza superamos con éxito lo nuevo y desconocido.

Son los niños los que aprenden todo desde cero, admirable sin lugar a duda; pero son los adultos los que se enfrentan a la dura tarea de retroceder para coger carrerilla, de tener que enterrar para que vuelva a florecer, de caer en la oscuridad para poder ver la luz.

Darwin no se equivocaba, sólo los que sean capaces de adaptarse al medio sobrevivirán por eso, a veces, hay que dejarlo todo, para aprender a sobrevivir.

Mariposa