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Mi primera vez

Para algunos no tiene ningún misterio, para otros es un riesgo innecesario y para mí, viajar sola por primera vez fue, lo mejor que he hecho en la vida.

No sabría bien por dónde empezar para explicaros el cómo y el por qué, pero quizás la expresión: “trágame tierra” se ajuste bastante a la realidad que en su día me motivo a hacerlo.

Cuando sientes que estás perdiendo tu lugar en el mundo, cuando sientes que el miedo es más fuerte que tus ilusiones, cuando lamentas al mismo tiempo y en la misma medida el daño recibido y el causado, cuando sabes que ninguno de los consejos que recibas calará lo suficientemente hondo, lo único que pides al cielo es desaparecer.

Así es que sí, puedo afirmar que el motivo más fuerte que me impulsó a viajar sola (a mí, que no sabía que coger un avión) fue la necesidad.

Y gracias a esa necesidad, hoy estoy convencida de que:

NO HAY MEDICINA MÁS CURATIVA PARA EL ALMA QUE VIAJAR SOLO

Ser, por unos días, tu propio centro de atención, escuchar cada una de las palabras que necesitabas decirte, regocijarte en tu solipsismo más puro… eso sólo te pasa, viajando solo.

¿Inseguridades? Si, todas las que imagines. Tuve que leer varios post para animarme y descubrir que no era la primera, ni la última, que estaba en esa situación; tuve que medir al milímetro cada uno de los pasos que daría, tuve que diseñar un viaje a medida sin cabida a contratiempos…tuve que organizarlo todo muy bien porque NO SOY UNA AVENTURERA EMPEDERNIDA. Pero resulta que, para viajar solo, no es necesario serlo. Si necesitas programarlo bien, llevarlo todo reservado, tener anotados cinco folios con información de interés, no pasa nada, lo importante es que lo hagas, te sientas seguro y no mires atrás.

Además, lo que al principio comenzó siendo una obsesión por dejarlo todo resuelto, pronto se convirtió en el mejor momento del día. Llegaba a casa, ponía música típica de mi destino y la mesa repleta de mapas, guías y folios en blanco; hacía en Google Maps, todos los recorridos posibles, veía restaurantes, fuentes, avenidas y me encantaba imaginarme paseando por ellas con la mochila a cuestas. Después, la realidad superó con creces la ficción y la ilusión de organizar el viaje resultó ínfima comparándola con la ilusión de VIVIR el viaje.

Cuando viajas solo, tú decides qué camino tomar, no discutes con nadie sobre qué ver por la tarde, puedes hablar con quien quieras cuando quieras porque SIEMPRE hay alguien dispuesto a hacerlo. Cuando viajas solo comes donde, cuando y lo que te apetece, haces cuantas fotos quieras hacer y nadie te interrumpe el maravilloso espectáculo de un atardecer. Cuando viajas solo descubres que la compañía más fuerte, valiosa e indestructible eres tú mismo.

Y mi último consejo, si vas a hacerlo por primera vez, hazlo ESPECIAL porque cuando más especial sea, más difícil será de olvidar con el paso de los años: ELIGE BIEN TU DESTINO. En mi caso elegí un destino frustrado, un destino que soñaba con un momento especial, un destino que ansiaba visitar y me cansé de esperar. Yo elegí un destino que aún me encoje el estómago, que siempre que lo pienso me saca una sonrisa y al que he prometido volver porque quedé #enamoradadeitalia

Mi destino especial exige un post especial…. Continuará.

no hay medicina más curativa para el alma que viajar solo

Pd: la agencia que diseñó y organizó mi viaje fue Viajes Le Cat, nadie pondrá más mimo y profesionalidad que Cristina.

También te paso el post decisivo que transformó mi preocupación en ilusión: Cómo viajar solo sin quedarte solo, de Vivir al Máximo

 

 

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