14

Bailemos

Hace tiempo que aprendí la teoría pero no sé por qué he tardado tanto tiempo en ponerla en práctica. Quizás será el efecto de las canas que asoman con descaro por mi pelo, quizás los recientes y continuos cambios de piso, de trabajo, de ciudad, de hábitos; quizás por esas personas que pasan por mi vida con más o menos acierto o quizás porque ahora, que ya no miro tanto el reloj, creo que cada segundo, cada instante, cada momento, es un regalo de la vida.

Los que me conocéis ya sabéis cual es mi lema: “salir de casa con la sonrisa puesta”, creo que es lo único que nunca pasará de moda, la mejor forma de vestir nuestra propia firma y lo único que, junto con una mirada transparente, dice todo de nosotros. Sigue leyendo

Anuncios
8

La llave de mi casa

“Ya no sé cuál es mi casa” Esta fue la respuesta que me dio mi hermana ayer cuando, al visitar mi nuevo piso en Córdoba, le dije: “Estás en tu casa”.

Y es que, desde que las dos salimos del pueblo para estudiar, hemos pasado por tantos pisos distintos, tantas compañeras distintas, hemos hecho y deshecho tantas maletas que algún día estoy segura, perderemos la cuenta.

Podría hacer mil reflexiones sobre el momento que nos ha tocado vivir, sobre la capacidad de esta generación de adaptarnos a un piso cada dos años, a la incertidumbre del trabajo, a viajar si quieres ver a tus padres y familiares. Podría hacer la reflexión sobre el esfuerzo tremendo que hacen amigos míos saliendo del país para tener otra oportunidad, su fortaleza para no ver a su familia durante meses y lo afortunadas que nos debemos sentir nosotras por estar a dos horas escasas de todo esto.

Sin embargo, este post lo dedico a nuestra casa, a nuestro hogar, a esas “cuatro paredes” que sólo cruzarlas sientes alivio, descanso, seguridad. Lo dedico a esa única llave de nuestro llavero que lleva años sin cambiar, que ha visto pasar por las anillas llaves de mil formas y colores, que han estado, han pasado y se han marchado.

Dedico este post a mis padres que dan calor a mi hogar, que siempre nos reciben con mil besos y abrazos y una frase que se repite semana tras semana: “Que ganas tenía de verte”. A nuestras habitaciones en el pueblo, que no han cambiado desde hace años, que están abarrotadas de recuerdos, de regalitos, de fotografías, de objetos que significan algo para mí y van directamente al santuario de mi estantería.

Dedico este post a mi sofá, a los viernes por la noche cuando todos nos sentamos juntos construyendo una maraña de piernas y brazos. A ese momento en que tu madre te pregunta “¿cómo has pasado la semana?” y no sabes qué contarle porque no quieres contarle penas. A los sábados y los domingos por la mañana, cuando el desayuno incluso se enfría en la mesa casi insultando a los 5 minutos del resto de la semana dedicados a tomar un poquito de café.

Dedico este post a mi terraza, ese luminoso lugar al que nos encanta subir a jugar con Nano, a tomar el sol, a reflexionar. Al armario de la cocina lleno de chocolate y dulces que hace sepan de una forma distinta al resto de chocolates y pasteles. A las tartas de galleta que nos acompañan en cada cumpleaños, en cada celebración o en cualquier fin de semana que mi madre está especialmente feliz.

Y finalmente lo dedico a mi jardín, ese pequeño trocito de mi casa precioso y florido que nos recibe cada viernes y nos abre las puertas del hogar. Ese lugar donde nos damos los tiernos y deseados besos de bienvenida y los tristes y penosos abrazos de despedida. Ese lugar donde hemos derramado tantas lágrimas pero desde donde emprendemos nuestra salida a construir nuestro propio mundo.

Porque nuestro futuro está fuera, nuestra vida lejos del pueblo, nuestro trabajo, nuestras nuevas futuras casas, nuestro porvenir, nuestras vidas junto a otras personas…Pero nuestra casa, nuestro hogar, la única que sabemos que siempre será nuestra, está en un solo lugar:

La llave de mi casa

25

Llegó la hora

Ha llegado su hora y, como cada día se despide de ti con una caricia cálida, vago recuerdo de lo que te dio hace solo unas horas.

Sabe que le gustas, mucho, pero no puede faltar a ese retiro diario del que no ve el momento de salir para volver a tu lado. Así, no puede  sino despedirse de la forma más bonita que sabe: despacio, suave y sin dejar de mirarte. Es en ese momento en que te sientes en paz, tranquila, completa, feliz. Es en ese momento en el que todo a tu alrededor queda cubierto de una luz especial, y se para.

El mar se torna tan brillante como vibrante, el cielo se oscurece a su antojo vistiendo traje de mil colores. La estrella Venus asoma curiosa por el firmamento porque no se quiere perder…ese momento.

Es entonces cuando el día se acaba, el sol baja y la noche aguarda tranquila para que te despidas como se merece. Sabes que mañana volverá a salir, sabes que te camelará durante el día para que por la noche le eches de menos, sabes que intentará hacerlo igual de hermoso, pero este momento, justo este momento, hay que vivirlo y sentirlo.

Pocas cosas hay tan bellas en la naturaleza como la puesta de sol. Tiene el poder de transformar todo cuanto ven tus ojos y dura lo suficiente como para tatuar la estampa en tu retina.

Quiero compartir con vosotros algunas de esas puestas de sol que han dejado huella en mí por el entorno, el momento y  la compañía.

  • Varadero y Habana (Cuba)

VARADERO CUBA

VARADERO 2 CUBA La Habana

  • Acantilados de Comillas (Asturias)

CUDILLERO CUDILLERO2

  • Zahora y Conil (Andalucía)

ZAHORA ROS CONIL

  • Ribera del río Guadalquivir a su paso por Córdoba  (Andalucía)

Puente San Rafael RIBERA NANO RIBERA SAN RAFAEL

Recuerda: desde cualquier parte del mundo la puesta de sol es igual de bella pero solo tú tienes el poder de hacerla única.

30

Los jazmines de mi abuela

“¿Cómo seré cuando tenga 30 años?”

¿Quién no ha querido, cuando era niño, tener una bola de cristal que mostrase cómo sería a los 30? Pues ya están aquí y han llegado con una mochila cargada de recuerdos: colegio, instituto, facultad, personas que entran y salen de tu vida, amigos que perduran, experiencias buenas y malas… De todo esto tenemos un rincón en la mente que nos hace reír o llorar cuando recurrimos a él.

Pero no son esos los rincones que hoy protagonizan estas palabras. Hoy quiero hablaros de los rinconcitos del alma. Nada más puro y limpio que el alma de un niño, de tu alma cuando eras niño.

¿Cómo vuelvo yo a ese estado? Oliendo los jazmines de mi abuela.

Recuerdo entrar a ese inmenso patio en el que un florido jazmín me da la bienvenida. Atravesando las baldosas ribeteadas, veo cómo mi abuela Dolores me espera a través de la ventana de la cocina. Dentro me aguarda una metralla de besos, pan con miel, bizcochos y el sillón de mi abuelo en el que solo yo tengo permiso a sentarme.

patio abuela esther

Recuerdo cada metro cuadrado de esa casa, los muebles, la vajilla, la cortinilla azul bajo el fregadero. Tardes interminables viendo los renacuajos del bidón de agua, capítulos de Oliver y Benji, mi regaliz “rojo-largo” que me comía cada tarde. Recuerdo perfectamente la voz dulce de mi abuela que jamás me echó una regañina.

Allí he criado gatos, conejos, pájaros, tortugas. Allí he reído, jugado, bailado, coloreado. Allí estaba mi pequeño mundo en el que las obligaciones, las notas, las facturas, los plazos y las prisas se quedaban en la puerta como auténticos desconocidos.

Este es el maravilloso rinconcito que tengo en el alma y en el que me adentro cada vez que huelo un jazmín. Y es desde aquí, desde donde he decidido comenzar este blog. Porque los años pasan, los 30 ya han llegado y todo lo que antes se quedaba a las puertas del patio, hoy parece ahogar nuestras vidas.

Pero todos tenemos el poder de volver a nuestros rinconcitos, de hacer durante un rato lo que nos gusta, vivir y saborear el momento. Todos tenemos alguna pasión que alimentar;  busca la tuya si la guardaste hace años en el baúl de los recuerdos, porque ahí estará esperándote para sacar lo mejor ti.

DSC_0021 DSC_0027 DSC_0039 DSC_0057 DSC_0080 DSC_0096 DSC_0105