14

Bailemos

Hace tiempo que aprendí la teoría pero no sé por qué he tardado tanto tiempo en ponerla en práctica. Quizás será el efecto de las canas que asoman con descaro por mi pelo, quizás los recientes y continuos cambios de piso, de trabajo, de ciudad, de hábitos; quizás por esas personas que pasan por mi vida con más o menos acierto o quizás porque ahora, que ya no miro tanto el reloj, creo que cada segundo, cada instante, cada momento, es un regalo de la vida.

Los que me conocéis ya sabéis cual es mi lema: “salir de casa con la sonrisa puesta”, creo que es lo único que nunca pasará de moda, la mejor forma de vestir nuestra propia firma y lo único que, junto con una mirada transparente, dice todo de nosotros. Sigue leyendo

25

El miedo

“Las cosas, a veces, no son tan fáciles como parecen…”

Me he repetido esta frase tantas veces en el último año que casi puede conmigo. Casi todo puede conmigo, pero no lo ha hecho, y aquí estoy, volviendo regar mis jazmines para contaros que las cosas no son tan difíciles, sino que las personas, a veces, somos muy cobardes.

Demasiados años, demasiadas experiencias, demasiadas personas, demasiadas opiniones, demasiados consejos…demasiadas cargas que no hacen sino vestirte con el peor de los trajes que se puede llevar en la vida: el miedo.

Hace poco leí que el miedo sólo es el paso que existe entre su situación actual y tus sueños. Si así de cierto es, entonces ¿por qué nos da tanto miedo darlo? ¿por qué nos paralizamos aterrados ante lo desconocido? ¿por qué permitimos que el miedo nos aleje, aliado con el tiempo, de lo que realmente queremos en nuestra vida? Porque somos, he sido, muy cobarde.

Todo empieza con el miedo a perder la estabilidad actual, una estabilidad, “un confort” estúpido que te apaga día a día porque no te sientes realizado, ni valorado, ni ilusionado. Miedo a tener que romper con la rutina, a tener que aprender otras cosas, a “desaprender” a una velocidad superior a la que estamos acostumbrados.

Luego viene el miedo a que el pasado se repita, miedo a que te hagan lo mismo, miedo a que lo hagas tú, miedo a los fracasos, las decepciones; miedo a darlo todo y volver a quedarte vacío, miedo a que pasen los años y “no sirva para nada”. Miedo a que te repitan una y otra vez: “espero que estés segura” ¿segura de qué? ¿de que se está hoy en día seguro? Sólo de una cosa y en eso aún no estoy pensando.

Y finalmente te asalta el miedo al futuro, miedo a no tener nada bajo control, miedo a no saber qué pasará, si será bueno o malo, si será “lo mejor o lo peor para mi”, miedo a estar peor que ahora, o peor que antes, miedo a la incertidumbre, a lo desconocido. Miedo a “aunque algunas veces me has decepcionado”, miedo no decepcionar más, miedo insólito a algo, de lo que no tenemos ni la más remota idea.

Tanto miedo tenemos que nos olvidamos del día de hoy, del ahora, de sentir y disfrutar el segundo en el que vivimos. Nos olvidamos de los ojos que tenemos delante, nos olvidamos de buscar nuevas oportunidades, de sonreír a la vida. Tanto miedo tenemos que nos chupa la energía como las sanguijuelas chupan la sangre, que nos borra las arrugas de la cara porque ya no encontramos por qué reír; tanto miedo que al final perdemos todo por lo que merece la pena vivir.

¿Cómo se superan los miedos? hace tiempo leí en un libro de interpretación de los sueños, que los miedos sólo se superan enfrentándose a ellos, plantándoles cara, esperándoles de frente. Y eso que un día hice en los sueños, es lo que ahora he hecho despierta en la vida real. Sólo hay que armarse de valor, armarse de energía, reencontrarse consigo mismo y con la fortaleza que todos tenemos en nuestro interior; hacer todo ese acopio de poderío para dar…un paso, un único y pequeño pero rotundo paso.

Puedes leer muchas frases:

“Debemos pensar menos y hacer más”

“Cuando fue la última vez que hiciste algo por primera vez”

“Lo difícil se hace, lo imposible se intenta”

Frases que evidencian que alguien lo intentó y lo consiguió, que demuestran que “si se puede”, que sugieren valor y optimismo… pero frases que no valen nada si no las haces tuyas y nos las trascribes a tu propia vida.

 

Olvídate del pasado, esos años ya tuvieron su momento, ya ocuparon su tiempo, no permitas que invadan tu hoy y mucho menos que interfieran en tu mañana.

No te frustres con el futuro, no tienes ni idea de qué pasará. Asume con normalidad que volverás a reír, volverás a llorar, volverás a triunfar y en algunos casos fracasar. Acepta que volverás a encontrarte con gente buena y gente mala, pero hazte fuerte para seguir siendo tu mismo, pase lo que pase.

Vive el presente, vive con la gente que te quiere, haz las cosas que te gustan y te hacen sentir bien. Disfruta en la misma medida de la buena compañía y de la soledad. Crece como persona, haz el bien a los demás, lucha por lo que quieres, esfuérzate cada día para conseguir tus sueños.

El camino que hay detrás del miedo, detrás de ese pequeño paso, es muchísimo más amplio que el que dejaste detrás, así es que: SALTA.

A veces, hay que perderse por el mundo para encontrarse consigo mismo

A veces, hay que perderse por el mundo para encontrarse consigo mismo

Continuará….

4

3 minutos

“Tres minutos al día, sólo durante tres minutos al día, deja tu mente en blanco.

Piensa nada más que en tu respiración y al ritmo de tu respiración”.

IMG_20150322_174309

Tres minutos al día para dejar de pensar qué hiciste ayer, qué harás hoy y qué harás el resto de tu vida.

Tres minutos para ganar la batalla a los remordimientos, los problemas, las soluciones, las esperanzas y desesperanzas imaginarias.

Tres minutos durante los que no salvarás el mundo, ni tu vida, ni la vida de los demás; sólo tres en los que dejar de ser heroína y víctima al mismo tiempo.

Tres minutos sin rencores, tristezas, fantasías, lamentaciones; sólo tres sin ser la pitonisa de tu suerte, la curandera de tus males, el chamán de tus malos espíritus.

Tres minutos para vagar sin prisa y sola por los caminos del silencio

Tres minutos para aprender a poner orden a tus ideas, cambiar los pensamientos, guiar las sensaciones, entender las actuaciones. Tres para aprender a priorizar, desenredar, abatir miedos, asumir, superar y volver a disfrutar.

Tres minutos para entender que no puedes controlar qué pasará en el futuro, ni cambiar nada del pasado.

Tres minutos para descubrir cómo templar los nervios, cómo disfrutar de una canción, de una caricia, de un momento. Tres para educar los altibajos, los berrinches, las rabietas.

Parecen pocos 3 minutos al día con sus 180 segundos, con sus 180 oportunidades de aprender a controlar a tus pensamientos.

Ojalá superase los 5 primeros.

Objetivo: Parar para poder avanzar

Resultado: Intento fallido

Estado actual: En proceso de superación, PA

 

Tres minutos para aprender a poner los cinco sentidos, en las cosas que realmente importan:

 

8

¡No me borre las arrugas!

10 años después vuelvo a hacerme la foto para renovar el carnet de conducir. Estaba deseando hacer la típica comparación entre el antes y el después, cuando iban a borrarme las arrugas de la cara:

“¡No me borre las arrugas!”

No me borre las arrugas porque eso sería como borrar 10 años de mi vida. No borre esas líneas que delatan tantos años, tantos meses, tantas semanas, tantos días, tantas horas pero sobre todo, tantos momentos.

No borre tantos nervios, tantos exámenes en la mochila, tantos madrugones con olor a libros y a café.

No borre ni una decepción sufrida, ni una lágrima derramada y mucho menos las que no pude derramar. No quite de mi cara los surcos de esos llantos angustiosos que tanto me han enseñado y de los que tanto me queda por aprender.

No borre de mi cara cada lamentación por las decisiones mal tomadas, por la impotencia de no poder volver atrás, por el sufrimiento de pensar que podría haber sido de otro modo, o no.

No borre ni uno de los hoyuelos que tantas carcajadas han soltado, de tantos años de felicidad absoluta y plena, no borre esa expresión que delata que he tenido, y tengo, personas maravillosas y excepcionales a mi lado.

No borre ni uno de los mohines que me descubren sin palabras, por que cada uno de ellos economiza mis explicaciones, mis charlatanerías, mis excusas, mis arrebatos, mis disgustos, mis desacuerdos.

No borre las arrugas de los treinta porque son las que me convencen de que el tiempo no pasa en balde. Son las que me recuerdan que he caído más veces en la misma piedra, y nunca me ha gustado el golpe.

Si me borra usted las arrugas, todo el mundo pensará que sigo teniendo la ingenuidad de la adolescencia, que todo ha sido facilísimo para mí y nunca en mi calendario he tenido un día en rojo.

Si me borra la expresión de la mirada puedo perder imágenes que jamás quiero olvidar, incluso cuando el cerebro no sepa interpretarlas, ahí también, quiero conservarlas.

Sí, prefiero quedarme con mis arrugas y poder compararme dentro de diez años tal y como hago ahora. Poder ver la fotografía y hacer un repaso rápido por lo que habrá sido mi vida. Recaer en lo poco que sé ahora y cuánto sabré a los cuarenta. Prefiero comprobar cómo tengo más arrugas que ahora, más lamentos, más risas, más sofocos, más alegrías, más cosas que contar, más de las que arrepentirme, más piedras sobre las que tropezar, más mohines, más vida, más momentos.

Nano&Esther

Nano&Esther

 

10

La grandeza de la humildad

Acostumbramos a admirar a las personas equivocadas.

Me gusta la gente humilde que siempre tiene algo para dar,

la gente ocupada que siempre encuentra hueco.

Me gusta la gente discreta que nunca presume de lo que es o lo que tiene,

la gente observadora que escucha, reflexiona y luego decide si opinar o no.

Me gusta la gente sencilla bajo cualquier estética o vestuario,

la gente que no mide lo que cuesta si no el valor de lo que adquiere.

Me gusta la gente “con cargo” que no se encarga de recordártelo,

la gente que se hace grande con el ejemplo y no con la palabra.

Me gusta la gente que no grita si no es para animarte,

la gente líder por naturaleza y no por posición.

Me gusta la gente con casas pequeñas pero que siempre están llenas,

la gente que pide sillas extra porque en esta cena no entramos todos.

Me gusta la gente que da sin esperar que le paguen,

la gente de dice: “toma” en lugar de “¿quieres?”.

Me gusta la gente que no mide cuanto quiere aunque algún día lo pierda,

la gente que sigue queriendo aunque lo haya perdido.

Me gusta la gente que pide perdón en la misma medida en que perdona,

la gente que sabe agachar la cabeza con la misma soltura que cuando la alza.

Me gusta la gente humilde porque la humildad, hace grande a quién la tiene.

jazmines

12

Selección natural

“Sólo sobrevivirán aquellos seres con la capacidad necesaria para adaptarse al medio”

¿Acaso se puede vivir de otra manera?

Los adultos no dejamos de admirar la capacidad de los niños para aprender cosas nuevas: andar, hablar, conocer amigos, las clases de un colegio, las normas… Y no podría dejar de reconocer esta virtud pero ¿no es la adaptación de un adulto infinitamente más compleja que la de un niño?

A lo largo de nuestra vida no dejamos de adquirir costumbres, nos habituamos a una familia, a unos amigos, a un nivel de vida, a un oficio, a un pareja, a tener buena salud, estabilidad; nos acostumbramos con una ligereza asombrosa a todo aquello que nos permite vivir cómoda y felizmente.

Por eso nos sucede que, cuando algo se fisura, se quebranta o se rompe, sentimos fragilidad, vértigo, miedo, colapso mental  y hasta físico. ¿No es mucho más difícil que un adulto se desacostumbre, des-aprenda y re-aprenda?

Es inmensamente complicado, angustioso y temeroso advertir que tu costumbre no ha provocado sino debilitarte ante las adversidades de la vida. Es tristemente irrefutable comprender que sólo los golpes duros fortalecen tu espíritu y tu actitud. Es desesperante pensar que tiene que venir una enfermedad, un accidente, una pérdida, un despido o una ruptura para recaer en que esta vida es una pura y dura adaptación al medio.

Resulta desalentador saber que sólo uno mismo tiene el poder para resurgir, para sobrevivir, para echarle coraje y salir adelante. Porque seguramente, todos a tu alrededor te ayuden, pero es la intención personal la que decide hacerlo. La actitud es tan importante como la fortaleza para adaptarse y eso, eso es demasiado íntimo.

Porque es un reto abordar que, sólo convirtiendo la pena en alegría cambia el mundo, que sólo cambiando el pesimismo en optimismo surgen las nuevas oportunidades y que sólo tornando la debilidad en fortaleza superamos con éxito lo nuevo y desconocido.

Son los niños los que aprenden todo desde cero, admirable sin lugar a duda; pero son los adultos los que se enfrentan a la dura tarea de retroceder para coger carrerilla, de tener que enterrar para que vuelva a florecer, de caer en la oscuridad para poder ver la luz.

Darwin no se equivocaba, sólo los que sean capaces de adaptarse al medio sobrevivirán por eso, a veces, hay que dejarlo todo, para aprender a sobrevivir.

Mariposa

2

Alegato de los sueños no cumplidos

“Quisiéramos salir de aquí”

Increparon los sueños a la realidad contenida.

“Vivimos cegados por la oscuridad de la rutina,

vagamos a diario por un limbo incierto,

laberinto de ideas que no encuentran su salida”.

 

“Quisiéramos, si su crueldad se aligera,

despertar con ilusión cada mañana,

despegar, construir, probar, investigar.

Dormimos cada noche pensando en un mañana que no llega;

tristes por saber que es usted más fuerte que nosotros,

cansados de soportar tanto peso, tanto parsimonia”.

 

“Quisiéramos, nosotros que estamos privados de libertad,

excavar un túnel en la pesadumbre de su superficie,

escapar ligeros de las cadenas que nos amarran,

atisbar con nuestras pupilas la cálida luz de la motivación,

rodar sobre nuestras propias piedras y saltar nuestros tejados”.

 

“Quisiéramos”, volvieron a insistir los sueños,

“ser más pesados en la tierra que en la luna;

exterminar su manía de mantenernos al margen, sentados.

Borrar de su entrada “bienvenidos a la cruda realidad”,

para pintar de colores el gris de su felpudo.

 

“Quisiéramos, si algún día lo conseguimos,

demostrar que los sueños se cumplen

y que la realidad puede doblegarse sucumbida

por el arrojo, las ganas y el valor,

de cualquier pasión dormida”.

alegato de los sueños no cumplidos

LOS MUROS DE JERICÓ DERRIBADOS Dibujo de D. Paul Gustave (Gustavo) Doré, artista francés, grabador e ilustrador (Estrasburgo, 1832 – París, 1883)