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Pasiones

No quisiera yo una vida sin pasiones, de esas que conmueven, que me hacen reír y llorar, amar y sufrir, esperar e ilusionarme.

No me gustaría dejar de saborear los pequeños placeres de la vida, de exclamar “qué bonito” a cada paso, en cada momento.

No quisiera yo dejar de sentir las mariposas en mi estómago, el laberinto de mi mente, la perturbación de mis sentidos.

No me gustaría dejar pasar un atardecer sin dedicarle un minuto de mi tiempo, sin respirar profundo, sin contemplar el cielo.

No quisiera yo dejar de echar de menos, dejar de sentir el anhelo de otros tiempos, de otras personas, de cada recuerdo.

No me gustaría dejar de entusiasmarte con cada cosa que encuentra mi vida jugando al escondite,  por cada persona que me hace feliz y saca lo mejor de mí.

No quisiera yo perder ningún amigo de esos que me ayudan incondicionalmente, que están conmigo en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad.

No me gustaría olvidar, ni ahora ni nunca, el colegio, mis profesores, mis abuelos, el instituto, los motes, las fiestas, la facultad, los exámenes, los nervios, el amor, mis clases de pintura, mi familia, la que está aquí y la que no, las lágrimas derramadas, los nudos en la garganta, las palabras que nunca se dijeron, los silencios, las despedidas, los reencuentros, las locuras, cada uno de los regalos que no se pagan con dinero, los vuelos en mis sueños, las velas de la noche, los cuentos, las tardes en la playa, las risas con mi hermana, los paseos con Nano.

No quisiera yo perder las pasiones que mueven mi vida, las que lo hicieron, las que lo hacen y las que lo harán.

pasiones

Primera acuarela Julio 2014

Mis pasiones…

Un cala,

arena cálida, brisa fresca,

oír romper las olas, el sol.

 

Pintar,

olor a lienzo nuevo, el peso de la paleta,

óleos mezclados, el fuerte aguarrás.

 

La cama,

sábanas limpias, cosquillas en la espalda,

un cuento al oído, despertar contigo.

 

Correr,

el brillo del Guadalquivir, el color del atardecer,

atravesar el Puente Romano, respirar profundo.

 

Escribir,

un papel en blanco, cualquier lápiz,

cualquier pensamiento, cualquier excusa.

 

Conducir,

sola, con música,

las vistas, cantar.

 

Las flores,

el sutil aroma, sus caprichosos colores,

la perfección natural.

 

Pd: soy consciente de que mi primera acuarela ha sido un desastre, sin embargo, he disfrutado tanto haciéndola que no podía dejar de enseñarosla.

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¿Por qué los hipopótamos tienen la boca tan grande?

_Tía Esther:

_ ¿Por qué los hipopótamos tienen la boca tan grande?

_ ¿Existen las hadas?

_ ¿Y los gnomos?

Apasionante la cara de mi sobrino preguntándome por la existencia de estos magníficos seres. Tanto, que si la hubieseis visto, entenderíais mejor mi respuesta:

_Sí Mario, existen todos, en tu imaginación.

Y en ese momento se zambulle pletórico en el agua por haber escuchado justo lo que sus oídos y su cabecita esperaban escuchar.

¿Hasta dónde llega la imaginación de un niño?

¿Será por ella por lo que siempre son felices?

¿Será lo que provoque que a veces hablen y rían estando solos?

¿Por ella explotarán a carcajadas sin arrancar a contar lo que querían contar?

 

¿En qué momento perdemos la capacidad de imaginar?

¿Cuándo hemos dejado de cuestionarnos por qué los hipopótamos tienen la boca tan grande, hasta el punto de no saber qué responder a un niño?

¿Sería ingenuo pensar que, todos los adultos, podemos conservar esa imaginación sin que nos tachen de locos?

Pues bendita locura que nunca me abandone, que me haga reír sin parar sin necesidad de que nadie me cuente chistes, que me ponga música en los oídos para cantar por la calle, que me cuestione de qué hablan las cigüeñas que están juntas toda la vida. Bendita locura que me haga imaginar cómo sería si…? Cómo será cuando….?

Aún puedo pintar aviones con cristales rosas y organizar obras de teatro con las sillas del salón de casa, pero debo reconocer que no lo haría sin la ayuda de Martita o Mario, porque nunca se me ocurriría salirme del orden establecido de los colores o de la aburrida armonía de un salón organizado.

Dicen que la felicidad, como la tristeza, se contagia; que las sensaciones de las que te rodeas son las que marcan tu día a día, tu forma de enfrentarte a los problemas del trabajo o las adversidades de la vida. Por eso, me gusta pensar que aún tengo pequeños cerca que me hagan parecer mayor, pero imaginar como una niña.

¿Por qué los hipopótamos tienen la boca tan grande?

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Olor a café

Esther Barbero

Me encanta el olor a café por la mañana. Ese momento en el que el rugir y aroma de la cafetera invaden, no sólo la cocina, sino la casa entera, actuando como el auténtico despertador del día. Y me gusta que sea cuanto antes mejor porque eso significará que me espera una jornada cargada de actividades. Porque, por muy raro que parezca, me gusta madrugar, desayunar en casa y pensar que no volveré a estar en estado de reposo hasta la noche.

Disfruto con esa sensación de tener que organizar tanto el tiempo en trabajar, ver a mis amigos, dedicarle un rato a leer, estudiar, correr, dibujar, reflexionar… Esa impresión de que un día no tendrá las suficientes horas y voy a tener que dejar algo para mañana, pasado o incluso la semana que viene.

El olor a café es la motivación, la energía, el empuje que me anima casi con más fuerza que la propia cafeína. Y si, además de todo, el café es MIS NIETOS, muchísimo mejor porque es el café de casa, el café de la familia, el café de mi zona (Valle del Guadiato).

¿Adicción al café? No, ninguna. Adicción a la sensación de bienestar, de arranque, de vitalidad. Adicción a cumplir lo que un café me promete por las mañanas, que es un día intenso. Adicción a conseguirlo, a obedecer horarios, improvisar, hacer mezclas de gente que te encuentras en lugares inesperados, a decidir qué harás luego y que dejas para otro día. Adicción a esa sensación de estar al principio de un nuevo día que se irá dibujando hasta que el pincel se quede sin tinta.

Me gustan los olores que me provocan sensaciones, recuerdos, estados de ánimo. Me gusta reconocer un olor en un sitio donde no estoy acostumbrada, o donde no me lo esperaba. Igual que las canciones recuerdan personas, momentos, etapas de la vida; los olores remueven pasiones.

En casa o fuera, sola o acompañada, con tostada o sin ella, da igual cómo tomes el café siempre que lo tomes de la misma manera: ¡TEMPRANO!