Vacaciones Santillana

Somos demasiado pequeñas para poner el despertador por eso, es mi padre el que nos avisa, con voz muy bajita, como si luego alguien siguiese durmiendo, que: “Ya es la hora”.

A las 6.00h de la mañana el sol aún no ha salido pero las maletas están hechas desde ayer y el coche ya está cargado. Sólo tenemos que preocuparnos por vestirnos con “el equipito” que lleva dos días colocado en las sillas del comedor como símbolo inequívoco de que NOS VAMOS DE VACACIONES.

Los viajes en coche no son especialmente agradables para mí excepto por la hora en que decidimos parar a desayunar y respirar un poco de aire fresco. Para ese momento el sol ya ha salido y la ensoñación de la mañana pasa a ser una realidad cada vez más cerca de la playa. Pero ya nos queda menos, ya divisamos la ciudad, ya buscamos entre montañas y autovía un  mínimo resquicio de mar que nos haga entender que, por fortuna, hemos llegado nuestro destino.

Bajamos las cosas con muchísima más facilidad y rapidez con que las hemos subido al coche. No vemos el momento de echarnos la crema y bajar a la playa. Porque la playa, esa playa de cuando éramos pequeños, no es la misma que la de ahora. ¿Qué ha sido la igual durante de siglos? Pues ha cambiado tanto en mi cabeza en solamente veinticinco años que nadie lo diría. Abandonar el Valle del Guadiato entonces, para ir a la costa, era como abandonar el castillo en busca de otros mundos. Por eso, una vez allí, el mar se nos antojaba tan fascinante, tan increíble, tan grande, tan bonito… que en realidad nos sentíamos dentro de otro mundo.

Pero las vacaciones no eran sólo playa. En vacaciones nos olvidábamos del libro Santillana, compartíamos habitación con alguno de mis queridísimos primos hermanos que nos acompañaba siempre. En vacaciones íbamos al parque de atracciones, a ver los pueblecitos de la costa, barcos más grandes que mi propia casa. En vacaciones comíamos helado a diario, comidas muy ricas y estrenábamos camisetas cada dos por tres. ¡Es que las vacaciones de antes eran tan emocionantes!

En esos días, hemos reído tanto con mi Muñeca de Reyes, que casi no podíamos respirar de la risa. Y es que viendo fotos antiguas (muchas que no puedo subir al blog) parezco revivir cada momento olvidado, cada imagen que está dormida en mi memoria esperando que la rescate para hacerme sonreír.

Ojalá siempre fuesen vacaciones infantiles, abierta a nuevos planes, a nuevos destinos, a nuevas aventuras. Ojalá siempre disfrutáramos de la misma manera de un helado, de rebozarnos sin escrúpulos en la arena, sin estar pendiente del bañador o del aspecto que podamos tener. No podemos volver a ser niños, pero sí rescatar la inocencia y naturalidad de entonces para saborear, como ya lo hacíamos, las Vacaciones Santillana.

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14 comentarios en “Vacaciones Santillana

  1. Desde que leí ayer el tema del nuevo post no hago más que esperar a leerlo y por supuesto recordar esos momentos. Estoy de acuerdo en que el concepto de playa y vacaciones han cambiado pero esos años siempre los vamos a recordar. Fotos y recuerdos que al verlas o recordar nos hacen reir. Vacaciones en las que siempre eramos tres hermanos y no dos porque algun primo se venía. En fin momentos inolvidables. Muy bonito post sister.

    • Sister este post te lo debo a tí! suerte de compartir estos recuerdos contigo porque son geniales! las fotos en papel tienen ese puntito de magia que hemos perdido con la tecnología por eso tenemos nuestro tesoro en el último cajón de mi mesita 😉 un besazo

  2. Me encanta! Y comparto los sentimientas de cuando se están preparando esas tan deseadas vacaciones. Ya han cambiado mucho, pero el recordarlas hace que merezca la pena y que queramos aunque sea solo una vez, vivirías de esa manera. Y que ganitas me han entrado de playa. Besos bonita y espero ansiosa tu siguiente post!

    • Muchas gracias amiga! la verdad es que eligiendo fotos y con este sol a mi también me han entrado unas ganas de playa… aunque ya no sean lo mismo… hay que intentarlo! gracias por escribirme preciosa! un besazo

  3. No soy de mucho escribir pero sabes que te sigo desde lejos, pero es que al leerlo y ver esa foto en las escaleras de Nerja…. me ha traído muchos recuerdos. Yo tengo una igual con mi papi. Es precioso y vaya que si, ojalá el entusiasmo y las ganas de las vacas de ahora fueran como las de antes. Es un gusto leer cada post, porque haces que piense y me replanteé muchas cosas. Muchos besos guapa.

    • Amiga, se que sigues y me lees, desde Perú sólo puedes ser tú 😉 espero que esos recuerdos haya sido dulces. El entusiasmo y la naturalidad se pueden recuperar y disfrutar pero de las nuevas compañías. Gracias por estar ahí “tan cerquita” mía. un besazo¡

  4. Q bien plasmas los sentimientos y los recuerdos. Para mi hermana y para mi era casi imposible coger el sueño la npche anterior con lo q nos tirabamos casi toda la noche preguntandonos una a la otra “estas dormida?” “Ya es la hora?” Jijiji q buenis recuerds. En fin los próximo será despertar nosotros a nuestros hijos para irnos a la playa e intentar q ellos tengan recuerdos tan bonitos como los nuestros. Me encanta leerte preciosa.

  5. Quizás yo fuera en alguna ocasión esa tercera persona…si volviéramos atrás me iría con vosotras muchas más veces… Yo no tengo muchos recuerdos de vacaciones infantiles, lo que hacen o son nuestros papis nos marcan de por vida… Y yo no quiero menos a mis padres por eso pero no quiero ahora que soy madre privar a mis hijos de que en el futuro tengan esos recuerdos… Un beso a mis sisterssssss

    • Claro que eres una de esas personas¡ estás en las fotos¡ recuerdo perfectamente una de esas vacaciones en la que no paramos de escuchar (y cantar) Alejandro Sanz, eso no se me olvida por muchos años que pasen. A mi me queda mucho para hacer a mis hijos disfrutar de eso, pero viendo a mis niños hacerlo es como si fueran míos¡ un besazo bigsister

  6. Que suerte hemos tenido de vivir una época en la que la inocencia era nuestro estandarte; en la que saboreábamos cada pequeña cosa con tantas ganas como fuerza.
    Que maravilla el haber tenido unos padres que nos regalado las mejores vacaciones de nuestras vidas: las de nuestra infancia. Como me gustaría poder volver allí, a ese grato y despreocupado pasado que me acompañó en la playa, en Granada, en Nerja, en las siestas en casa con mi hermano jugando mientras mis padres dormían, en “el fresco” con el bocadillo de tortilla con tomate, en la piscina que mis padres montaban en mi azotea desde donde veíamos los fuegos artificiales el último día de feria.
    Que bonito el nudo de nostalgia que se ha ido agarrando en mi garganta mientras leia tu post; gracias otra vez princesa 🙂

    • Alma, a veces pienso que mis post no están completamente cerrados hasta que me escribes. Me alegra rescatar esos recuerdos que a veces dejamos dormir en nuestra mente pero que siempre consiguen alegrarnos un poquito el día. Revivir la infancia nos reporta sensación de bienestar porque en aquellos momentos no teníamos ni las cargas ni las preocupaciones que tenemos ahora. Gracias por leerme, por entenderme, por asumir cada historia como tuya y finalmente escribirme. Un besazo preciosa¡

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