Nos vamos a por moras

En junio, el final de las clases nos da la llave hacia unos interminables meses de verano. La verja del colegio se cierra para abrir paso a unas calles que no acaban, unos días que no ven llegar la noche y un calendario que sólo marca festivos.

La vida con mi amiga Verónica no cambia demasiado excepto por el momento en que mi madre me dice “nos subimos a casa”. Esas temidas palabras pasan de escucharse a las 20.00h a algo más de las 00.00h cuando todas las vecinas de la Calle Federico Mayo ya han salido a “tomar el fresco”.

Esos días de verano, con bastante más facilidad que en invierno, consigo dormir con frecuencia en casa de mi prima Sara o de mi amiga Verónica. Pero uno de los mejores momentos llega, sin duda, cuando ella me anuncia: “haz la maleta, te vienes con nosotros al campo”.

Nuestras dos habitaciones se convierten entonces, en una preciosa casita de campo, las calles hasta el parque pasan a ser los caminos hasta el arroyo y los barrios lejanos y prohibidos se cambian por parajes abiertos llenos de animales, pozos y flores. La piscina nuestra cancha, el porche nuestro retiro y las moras nuestra aventura.

Llevamos varias bolsas porque pensamos traer moras para toda la familia. La distancia ya no es un problema y vamos desnudando todas las zarzas que se encuentran a nuestro paso…y las de un poco más allá. Las heridas de guerra que bañan nuestros brazos y piernas no son sino señal de un trabajo bien hecho y del que nos podemos sentir orgullosas. Después de toda una tarde de recolecta y un poquito de sangre, tenemos moras para el postre, moras para hacer flan, moras para hacer batido, moras para la nevera, moras para ahora, moras para luego ¿os he dicho ya que nos gustaban mucho las moras?

En aquel campo aprendí a buscar agua subterránea con un palo, a maquillar y peinar a sus pacientes y encantadoras hermanas mayores, a echar a un sapo de la piscina sin necesidad de tocarlo, a contemplar las estrellas en la inmensidad y tranquilidad de la noche. Pero lo más importante que aprendí en ese campo y en esa casa de Federico Mayo, es que se pueden tener dos familias completas, dos cocinas en las que tomar pan con Nocilla, dos dormitorios en los que soñar por la noche.

Debemos lo que somos hoy en día, en gran parte, a la infancia que hemos tenido, al desafío de sobrevivir a la adolescencia y a los obstáculos que de mayor nos pone la vida. Jamás estaré lo suficientemente agradecida a esta segunda familia D.C. que tantos valores me transmitió y  tanto cariño me dio. Ahora, con la perspectiva de los años, miro a Verónica con exactamente la misma ternura y si cabe aún más admiración por la persona en la que se ha convertido.

Dicen que en los últimos años de vida, los recuerdos más frescos son los de la infancia y yo tengo tantos junto a ella que, sólo por volver a ellos, harán que esos días vuelva a ser inmensamente feliz.

moras

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16 comentarios en “Nos vamos a por moras

  1. Tan bonito como siempre, de repente me han entrado muchas ganas de que lleguen esos días soleados e ir a coger moras. Eso sí, no te veo yo echando sapos de piscinas, jeje.

    • Nora, la cuestión es que esos días soleados cuando eramos pequeñas eran tan tan largos…nunca volví a coger moras, pero me encantaría revivirlo de nuevo. Y lo del sapo jajjajaja siempre me han gustado los animales, hasta los más feitos jajjajaj gracias por escribirme¡ muack

  2. Hola Esther, me ha encantado tu nuevo post. Es tanta la dulzura y ternura que transmites y la facilidad con la que teletransportas al lector, aunque a mí me ha resultado muy fácil visualizar el lugar que tan bien describes. Gracias a tu entrada he recordado tan buenos momentos vividos allí que incluso me has emocionado. Sólo puedo decirte gracias por la parte que me toca y ojala todas las amigas de la infancia hablen como tú de sus amigas y familiares. Muchos besos.

    • Ana¡ muchas gracias por escribirme¡ hoy se lo he dicho a tu tía, tengo tantos recuerdos que no sabía a cual aferrarme para escribir. Uno de los momentos que más he valorado ha sido “los domingos por la mañana”, después de comprar las chuches nos íbamos a tu casa (antigua) para jugar con vosotros. Entonces erais pequeñitos…recuerdo tu casa y vuestra habitación a la perfección. Os veo ahora tan grandes que no sé en qué momento han pasado 20 años. No sé si los niños de ahora tienen nuestra infancia o incluso la oportunidad de tener amigos tan íntimos pero yo me alegro tantísimo de que “me tocase” ella y vuestra familia, que me siento enormemente afortunada¡ un beso enorme¡

  3. Nunca podré agradecerte el millón de recuerdos agolpados en un instante, el sentimiento de felicidad plena experimentado. Gracias amiga sabes que en todos mis recuerdos de la infancia siempre estarás tu,mi amiga, mi hermana, mi ejemplo de la más pura y sincera amistad.
    Y como bien dices, son todos estos instantes los que nos hacen ser la persona que somos, por lo que gracias por haber sido una parte imprescindible. Un millón de besos amiga

    • Tengo tantos tantos recuerdos que me darían para escribir post a diario. Por fortuna nos encontramos la una a la otra y nuestros años de niñez fueron tan tan bonitos… sentirte como bien dices, como una hermana, incluso más. Sentir dos familias que te quieren incluso pasados tantos años. Tu padre me sigue llamando “mi niña” y eso no tiene precio ni creo que ya se tenga. Gracias por escribirme y por corresponderme, creo que eso nunca cambiará¡ Un besazo amiga¡

  4. Que bonito post, la verdad que la infancia es una etapa importante en la vida y de hecho te marca para siempre, que bonitos recuerdos que tu con tus palabras mágicas haces que volvamos a tiempos remotos y seamos de nuevo inocentes. Un besazo amiga

    • Tu lo has dicho Pili, tan inocentes, tanta pureza en las amistades que las relaciones no albergan rencor ninguno, somos tal y como somos. Gracias por escribirme amiga y seguirme desde la distancia. Besitos guapa¡

  5. Que bonitos recuerdos de la infancia y que bonito lo reflejas en el post. Muy grande conseguir que cada post nos guste igual o más que el anterior. Un besito grande.

  6. Que razón tienes prima… La infancia nos marca para toda la vida… Como se nos olvidan las cosas recientes y sin embargo las vivencias de esa bonita época están grabados a fuego en nuestra mente….
    Igual de bonito que todos…un beso

    • Gracias prima¡ yo creo que en esos años nos podíamos permitir saborear el momento, no pensar en otras mil cosas mientras hacíamos algo que nos gustaba. Ahora todo es distinto. Estamos haciendo algo y no paramos de pensar en lo que viene después, en que no nos da tiempo….Por eso tenemos que “desaprender” muchas cosas, entre ellas esto. Un besazo¡¡

  7. Buafff!!! me ha encantado…yo también iba a por moras…con mi amiga Eva de pequeñitas…como nos poníamos…jejeje Que bonitos recuerdos…!! Que afortunadas las que hemos podido disfrutar de una infancia en un pueblo!!Me encanta que nos lleves a recordar aventuras infantiles!!! Un besito flor!!
    PD: El dibujo..ideal..!! Muy emotivo para mi..al recordarme tb junto a mi amiga.

    • Muchas gracias amiga! Esta descripción es de su campo pero si que creo que en los pueblos la infancia se vive de otra forma, al menos la nuestra. Que dulces las moras, tengo una cita pendiente contigo para ir a buscar las de tu campo!! Gracias por escribirme preciosa! Un besazo

  8. Esther me ha encantado como siempre! Que bien describes los sentimientos y recuerdos de tu feliz infancia!
    Sabes que cada verano desde hace algunos años voy con mis nietos a coger moras ! Se ha convertido en un ritual de cada verano y espero que algún día comenten que bien lo pasábamos cuando íbamos a coger moras con nuestros abuelos! Un fuerte abrazo.

    • Muchísimas gracias Laura¡ No dudes que cuando pasen los años tus nietos os van a recordar de la misma manera que hago yo. No hay nada mejor en la vida que tener una bonita infancia y los abuelos son fundamentales para ello. Muchísimas gracias por escribirme¡ Un beso enorme¡

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